La crisis
económica que está sacudiendo el mundo estos últimos años es un hecho histórico
y mundial.
Existe una
interconectividad no sólo en el seno de las economías nacionales y los sectores
económicos, sino también en el seno de las creencias o criterios morales y
políticos entorno al capitalismo. Los préstamos en ciertos estados americanos
han desencadenado una reacción en cadena que se ha expandido sobre la totalidad
del espectro económico, desde la industria de seguros y la industria automovilística
hasta las operaciones bancarias comerciales y de inversión, y sobre todos los
continentes, donde países tan distantes como Irlanda, Islandia, España y China
han experimentado un vuelco económico seguido de crisis. Este hecho global ha
provocado una profunda meditación sobre los peligros de una economía global.
Algunos han
encontrado las primeras huellas de la crisis en el clima del préstamo fácil
creado en los Estados Unidos por Alan Greenspan, el presidente del despacho de
gobernadores de la Reserva Federal, en respuesta al hundimiento del fondo de
garantía “Long Term Capital Management” de finales de 1990 y la explosión de la
burbuja dot.com que infló la burbuja del mercado inmobiliario. Otros sugieren
que la abrogación de la Glass-Steagall Act de 1933, concebida para limitar la
especulación por medio de la separación de las operaciones bancarias
comerciales y de las de inversión, ha creado un ambiente que ha permitido el
préstamo de una forma temeraria. Otros ven en la crisis el síntoma de una inestabilidad
en la base del modelo financiero de capitalismo que se ha desarrollado en
América, Gran Bretaña y otros países occidentales.
El liberalismo económico
destaca la libertad de actuación de la iniciativa privada, en donde son las
fuerzas del mercado las que establecen los precios y los salarios. Se considera
que la participación del Estado en la actividad económica debe ser la mínima
posible e incluso sería lo óptimo, aunque utópico, que no hubiera ninguna
participación del Estado
Cuando Lehman
Brothers quebró, algunos consideraron
que era un error no haberlo salvado, pero la mayoría ha dejado de creer en la
idea de destinar vastas cantidades de dinero para salvar los bancos que han
operado como jugadores sin escrúpulos.
Tras olvidar la
lección del crac de 1929, la especulación y la desregulación financiera nos han
arrojado a una recesión que ha traído el mayor recorte del bienestar desde la
II Guerra Mundial.
El ansia por el
beneficio fácil borra de un plumazo la memoria de las desastrosas consecuencias
que implica relajar la prudencia cuando se trata de inversiones financieras.
Eso fue lo que ocurrió, otra vez, durante la primera década del siglo XXI.
Gobiernos, instituciones financieras y consumidores hicieron caso omiso de esas
lecciones y repitieron uno tras otro los mismos errores.
Su origen está
una vez más en Estados Unidos. En 2001, el estallido de la burbuja de internet
llevó al gobierno de George W. Bush a implantar un plan de ayuda basado en
facilitar la liquidez y el dinero barato. Los atentados contra las Torres
Gemelas del 11 de septiembre acentuaron esta tendencia. Se intensificaron la
bajada de tipos de interés y la reducción de impuestos para motivar el consumo
de los deprimidos estadounidenses. Además, se impulsaron altas dosis de gasto
público para incentivar la actividad de las empresas y el empleo.
Mientras
cicatrizaban las heridas morales del 11-S, los estadounidenses repetían los
errores de los “felices años veinte” del siglo anterior: gastos desenfrenados
en bienes de consumo, demanda desaforada de viviendas, alentada por créditos
muy baratos, e inversión masiva en Bolsa.
La desregulación
financiera añadió más leña al fuego de la burbuja, provocando una desaforada
especulación. En 1999, los lobbies de la banca se apuntaron una gran victoria
al conseguir que el gobierno de Bill Clinton aboliera la ley Glass Steagall. Se
trataba de una normativa implantada en 1933 por el presidente Roosevelt que
prohibía que los bancos mezclasen sus actividades minoristas con inversiones
especulativas para impedir las malas prácticas que originaron el crac de 1929 y
la Gran Depresión. El sucesor de Clinton, Bush, rebajó todavía más los
requisitos de prudencia y eliminó todo control de la banca, abonando así el
terreno para el desarrollo de una industria financiera altamente sofisticada,
compleja e incluso oculta, ya que muchas operaciones se hacían a través de
paraísos fiscales para no ser reflejadas en los balances oficiales. Es lo que
los economistas han bautizado como “la banca en la sombra”.
En ese contexto,
la simbiosis entre las dudosas prácticas bancarias y boom inmobiliario produjo
un cóctel explosivo: el de las hipotecas subprime o basura. Los bancos se
aventuraron a conceder créditos a ciudadanos que no iban a poder devolverlos.
Eran los NINJA (no income no job no assets), siglas en inglés que los
calificaban como personas sin trabajo, sin ingresos y sin propiedades; pero
incluso ellos podían tener una casa propia merced a la creencia (igual que en
anteriores períodos de burbuja) de que los precios de la vivienda seguirían
subiendo y que la hipoteca por la que iban a pagar unos desmesurados intereses
sería compensada por la revalorización de sus inmuebles. El riesgo de impago
era palpable, pero la ingeniera financiera puso en marcha una estrategia para
que los bancos la disimularan en sus balances.
Lo hacían a
través de complicados instrumentos que permitían empaquetar las hipotecas bunas
y malas en un mismo Vehículo de Inversión Estructurado (SIV en inglés) que, a su vez, era vendido por tramos a
inversores internacionales. Al mezclar hipotecas buenas y malas, las agencias
de calificación encargadas de valorar sus riesgos ignoraron el peligro real. Para
complicar aún más este entramado, se inventaron los Credit Default Swap (CDS),
unos seguros que cubrían el riesgo de impago de cualquier producto. En
principio, parecía el negocio perfecto: se compraban productos de alto riesgo y
mucha rentabilidad, y a la vez un seguro CDS, por si algo fallaba. El famoso
inversor Warren Buffet los calificó de “armas de destrucción masiva”. Aun así
los bancos de inversión estadounidenses los comercializaron entre todo el
sistema financiero mundial, ávido de las suculentas ganancias que
proporcionaban.
Pero la avaricia
rompió el saco. Los especulativos fondos de alto riesgo (hedge funds) fueron
más allá y apostaron directamente por la subida o bajada de esos seguros, con
un complicado mecanismo bursátil (apuestas bajistas) que les permitía, sin
necesidad de tenerlos en propiedad, conseguir abundantes beneficios.
Todo este
entramado comenzó a desmoronarse cuando, en 2006, la Reserva Federal de Estados
Unidos decidió elevar los tipos de interés para frenar la subida de la
inflación. Los NINJA más débiles fueron incapaces de seguir pagando sus
créditos y comenzaron a caer las fichas de ese dominó maldito: impagos,
desahucios, bancos en números rojos, desconfianza entre entidades y reticencias
a prestarse entre banqueros.
Los indicadores
de la actividad inmobiliaria ya alertaban de que la fiesta estaba llegando a su
final. En 2006 la actividad había caído un 26% respecto al año anterior. Pero
fueron los rumores de que Bear Stearns (uno de los principales bancos de
inversión de Wall Street, con 86 años de historia) tenía problemas de liquidez
los que hicieron saltar todas las alarmas. Dadas sus conexiones con el resto de
entidades financieras, había vendido hipotecas subprime por todo el planeta, y
su bancarrota podía desencadenar una cascada de cracs en otros bancos. El
gobierno de Estados Unidos organizó un rescate camuflado prestando dinero a
través de su competidor JPMorgan, que se quedó con la propiedad del banco
comprando las acciones a un 93% por debajo del precio de mercado.
El remedio fue
peor que la enfermedad, ya que esto alertó al mercado de la gravedad de la
situación. Aunque el gobierno de Estados Unidos juraba que era una operación
aislada y se negaba a más rescates, no tardó ni dos semanas en acudir en ayuda
de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos principales aseguradores hipotecarias del
país. Éstas habían sido creadas por Roosevelt, tras la Gran Depresión, para
conceder hipotecas avaladas por el Estado a los ciudadanos con menos recursos,
pero con la desregulación financiera habían salido incluso a cotizar en Bolsa y
a competir con la banca de inversión. Eran líderes en hipotecas de baja calidad
y poseían la mitad de todo el mercado hipotecario estadounidense; por eso
fueron las primeras afectadas.
Los rescates de
bancos se sucedían a uno y otro lado del Atlántico durante el 2008 y 2009. La
política del Banco Central español había impedido la banca en la sombra y que
las entidades debían aportar dinero para un fondo de rescate, pero también lo
era que los excesos ocurridos en el mercado inmobiliario español eran demasiado
escandalosos. Las entidades financieras habían tenido su particular versión de
las hipotecas subprime, con créditos a promotores de viviendas y particulares
imposibles de mantener con la subida de tipos de interés por parte del Banco
Central Europeo, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el masivo desempleo
que en estos momentos supera el 25%. España se vio abocada a pedir el rescate
de su sistema financiero en junio de 2012 por valor de 100.000 millones de
euros. Además, el sistema financiero
español tiene que hacer frente a una masiva y dudosa comercialización de
productos de riesgo, las participaciones preferentes, que han dejado sin su
inversión a millares de ahorradores.
La lista de
entidades con problemas no hacía más que crecer. Cuando le tocó el turno a
Lehman Brothers, otra entidad histórica, con 158 años de actividad en Wall
Street, el presidente Bush, con las elecciones a la vuelta de la esquina, no
quiso dar la imagen de que rescataba con dinero público los excesos de los
banqueros de inversión. A pesar de que unas horas antes Bank of América había
rescatado, con dinero público, a Merrill Lynch, otro de los grandes de las
finanzas mundiales, con Lehman Brothers decidieron que era la hora de dar un
escarmiento y lanzar el mensaje de que el gobierno no estaba dispuesto a cargar
con los desmanes de la banca.
El error de
dejar caer a Lehman Brothers se supo de inmediato. La noticia se filtró y unas
horas después las Bolsas de todo el planeta se desplomaban. Lehman Brothers no
era muy grande, pero sus conexiones con otros bancos y su extensa
comercialización de hipotecas basura lo convertían en un gigante. La onda
expansiva se llevó por delante en pocas horas a la mayor aseguradora del mundo,
AIG, así como a la principal caja de ahorros estadounidense, Washington Mutual.
La situación era
tan grave que el gobierno republicano tuvo que dejar a un lado sus convicciones
de no intervenir en la economía y acudió al rescate, lo mismo que el resto de
los gobiernos de los principales países del mundo. Los principales bancos
centrales se unieron en la primera decisión masiva conjunta de la Historia para
asegurar la liquidez, comprometiéndose a inyectar fondos por valor de 180.000
millones de dólares. En los meses siguientes, todos los Estados sacaron la
chequera para salvar a sus bancos y evitar un segundo Lehman Brothers. A los
150.000 millones de dólares (el 1% del PIB estadounidense) liberados por Bush
les siguieron unos meses después, en enero de 2009, otros 700.000 del plan de
rescate aprobado por su sucesor, Barack Obama. En Reino Unido se dedicaron
400.000 millones de libras a sofocar los problemas de los ocho grandes bancos.
El rescate francés alcanzó los 320.000 millones de euros. Mientras, en España,
el gobierno de Zapatero se jactaba de la solvencia y fortaleza del sistema
bancario español y ponía a disposición avales por valor de 100.000 millones de
euros. A pesar de que España estaba acuciada por los mismos errores (boom
inmobiliario, borrachera de crédito), aquí se insistía en que los bancos
españoles no se habían infectado con las hipotecas basura, como le ocurría al
resto del sector europeo.
Lo que estaba
fuera de duda era que la crisis se había expandido por todo el planeta y que
había que evitar los errores de 1929, cuando el gobierno de Hoover se
desentendió de los problemas y el proteccionismo ejercido por todos los países
hundió el comercio mundial y desencadenó la Gran Depresión.
En noviembre,
los principales países del mundo (G20) se unieron para acordar planes de
estímulo conjuntos. Como recuerda el economista José Carlos Díez en su libro
“Hay vida después de la crisis”, esos
acuerdos “fueron el mayor plan de estímulo fiscal y monetario coordinado a
nivel global de la historia de la humanidad. La terapia de choque funcionó y el
enfermo recuperó el pulso. Se evitó una segunda Gran Depresión”.
Aun así, la
situación era enormemente grave. Las principales economías del mundo entraron
en recesión. El comercio mundial se hundía y, ante la falta de actividad e
ingresos, las empresas no paraban de enviar trabajadores al paro. Estos
indicadores, aunque muy graves, no eran tan desmesurados como los de 1929, por
lo que los economistas Barry Eichengreen y Kevin O’Rourke bautizaron esta
situación como la Gran Recesión, frente a la Gran Depresión de los años 30 del
siglo pasado.
No obstante, la
situación no era fácil de resolver. La unidad mundial de intervención pronto se
tornó en división. Por un lado, Estados Unidos no dudó en seguir las lecciones
de Keynes, que tanto bien le hicieron tras el crac de 1929, y mantuvo la
política de gasto público y estímulos económicos: desde 2008, la FED ha puesto
en marcha ya tres programas de inyección de liquidez en los mercados
financieros, para estimular la economía a través de la compra de bonos del
Tesoro y cédulas hipotecarias. La economía estadounidense consiguió superar la
recesión y en febrero de 2009 ya reportó un crecimiento del 0,9%. En la
actualidad crece por encima del 2% anual. Aun así, el desempleo todavía se
mantiene alto para sus criterios, cerca del 8%, por lo que los estímulos
públicos continúan y hacen caso omiso al riesgo que implica que su deuda
pública haya escalado hasta el 106% de su PIB en 2012.
Mientras, con
los planes de estímulo comprometidos a medio implantar, Europa decidió cambiar
de rumbo y apostar por la austeridad y el control del gasto. El punto de
inflexión llegó por culpa de Grecia a finales de 2009. El Partido Socialista de
Grecia (PASOK), liderado por Yorgos Papandreu, ganó las elecciones legislativas
anticipadas y descubrió que el anterior gobierno, con la ayuda del todopoderoso
banco de inversión Goldman Sachs, había utilizado derivados financieros para
esconder un abultadísimo déficit público del 12,7%, frente al 3,4% que daban
las estadísticas oficiales. La realidad era que Grecia estaba casi quebrada, su
deuda superaba el 100% de su PIB y se le complicaba hacer frente a los intereses.
La economía griega apenas representaba el 2% del PIB europeo, pero los
derivados de su deuda habían sido colocados a los bancos de toda Europa, en
especial a los alemanes. Un impago de Grecia podía generar un tsunami del
estilo del de Lehman Brothers. Y aún más: dejar caer a un socio europeo podría
hacer peligrar la estabilidad de la moneda única.
Las
contradicciones de la Unión Europea, con una moneda pero 27 políticas fiscales
distintas, se hicieron más palpables. La unión se debilitó y cada país tomó las
medidas que creyó más adecuadas para afrontar la crisis. Alemania, cuyos bancos
estaban muy contaminados con las hipotecas subprime estadounidenses y también
con bonos de deuda europeos, se autoerigió como árbitro de la política europea
e impuso a los países con problemas una dura política de austeridad y ajuste de
gasto. Todo lo contrario a lo que estaba haciendo Estados Unidos.
Tras meses de
discusiones y enfrentamientos entre los socios de la Unión Europea, la
canciller alemana Angela Merkel cedió y permitió la aprobación, el 2 de mayo de
2010, de un plan de rescate a la economía griega, en colaboración con el Fondo
Monetario Internacional, por valor de 110.000 millones de euros. Las
condiciones eran similares a aquellas a las que habían sido sometidas las
economías emergentes en los años noventa del siglo anterior: recortes de gasto
público, reformas estructurales, bajada de pensiones y sueldos públicos… No fue
suficiente: en el verano de 2011 fue rescatada una segunda vez, y la UE ya se
plantea un tercer rescate. Parece claro que las duras condiciones exigidas a
cambio de los rescates hunden más que reflotan la economía de Grecia.
Alemania, el
principal acreedor de los bancos griegos, impuso la tesis de la austeridad para
evitar mayores pérdidas a sus bancos. Pero la desconfianza seguía instalada en
el sistema y la restricción del crédito acentuaba la crisis. Países como
España, en un principio no contaminado con las subprime, comenzaron a sufrir
problemas de liquidez, lo mismo que el resto de socios. El obligado ajuste de
gasto público y austeridad en toda Europa provocó sendos rescates en Irlanda y
Portugal. Lejos de resolver los problemas, estas medidas no han hecho sino
agravarlos. Por su parte, el BCE, influido por la obsesión alemana de controlar
la inflación, volvió a subir los tipos de interés en julio de 2011, abocan a
sus socios a una segunda recesión. A lo largo de 2012, las dudas sobre la
continuidad del euro provocaron una huida de los inversores hacia refugios como
el dólar estadounidense, encareciendo la financiación de países más débiles de
la UE como España o Italia, que estuvieron a punto de tener que ser rescatados.
La situación ha
llegado a tal límite que muchos economistas han calificado el empeño de
Alemania de austericidio, ya que forzar a los países a ajustes tan severos sólo
ha servido para frenar la recuperación de la crisis y conducir a Europa a una
depresión similar a la que ha sufrido Japón tras la crisis de los ochenta y en
la que ninguna de las medidas aplicadas parece tener efectividad para acabar
con la recesión.
BIBLIOGRAFÍA
CRISIS
LIBERALISMO
LEY
GLASS-STEAGALL O “BANKING ACT” Y GRAMM-LEACH-BLILEY ACT
http://espanol.larouchepac.com/news/2008/10/01/para-salvar-al-wachovia-restauren-glass-steagall.html
CREDIT
DEFAULT SWAP
FUENTES VIDEOGRAFICAS
http://www.youtube.com/watch?v=3i9s66BPEvY
(crisis mundial/americana, inglés subtitulado francés)
http://www.youtube.com/watch?v=TfRSfF296js
(crisis española)
http://www.youtube.com/watch?v=N7P2ExRF3GQ
(burbuja inmobiliaria)
http://www.youtube.com/watch?v=BF0bGaQCn04
(euro en España)
http://www.youtube.com/watch?v=_m6fTUYU-Tc
(deuda pública, en francés)
http://www.youtube.com/watch?v=q0PstreAAoo
(crisis de las subprimes, inglés subtitulado francés)
http://www.youtube.com/watch?v=lukfU6Kr4nQ
(crisis financiera internacional, en francés)
http://www.youtube.com/watch?v=p8XCIcRfoUI
(creación de moneda equilibrada, en francés)
http://www.youtube.com/watch?v=5nCvO6qEbJw
(documental inside job)
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